5 bloqueos a superar para escribir. Escribe, emociona y vende.

Paula Lesina, la más talentosa mentora de storytelling rioplatense, te da una mano hoy para destrabar los 5 mayores bloqueos de escritura.

¡Leela y poné en práctica sus consejos!

Empecemos con una afirmación radical: escribir es una actividad orgánica.

Toda aquella persona que haya incorporado las nociones básicas de grafía tiene la capacidad de escribir, así crea lo contrario.
No existe una imposibilidad de escribir que no esté ligada a la percepción y las emociones.

En consecuencia, la respuesta simple y obvia al nunca bien ponderado “bloqueo del escritor” está estrechamente vinculada con el relato que te cuentes sobre vos misma.

No voy a generarte falsas expectativas.
El talento para escribir, como todos los “talentos” puede ser analizado pero no puede ser reducido a estrategias básicas e instrumentales. Sin embargo, escribir para expresar con claridad, precisión y orientación a la empatía, es una habilidad que se puede adquirir y consolidar con la práctica.

¿Qué quiero decirte con esta introducción desmesurada?
Vos también podés escribir.

El foco no debería estar en la cantidad de palabras que sos capaz de unir sin
cansancio sino en la capacidad que tiene este texto de trasmitir con claridad tus ideas o emociones.
Si estás pensando lo mucho que te cuesta expresar emociones al escribir… dejame decirte algo: ése, no es un bloqueo de escritura mi santa. Es un bloqueo de otra índole.

Cuando tu “barrera imaginaria” está en la expresión sutil de las emociones, el primer paso nunca es un paso vinculado con la acción mecánica de escribir.

5 grandes bloqueos al escribir.

Bueno Paula… me encanta la teoría de “todos podemos escribir” pero,
honestamente, a mí las palabras no me salen.
No tengo la más mínima duda de que así sea. Mi punto no es ése. Tengo la plena certeza de que estás diciendo tu verdad frente al despoblado de la página.
Ahora…
Mi propuesta es simple: salvo que no te hayan enseñado los signos gráficos y por lo tanto seas incapaz de teclear, escribir podés. Lo que te frena suelen ser preconceptos respecto a cómo la escritura tiene que ser.

1- El tópico del “ser” y el “deber ser”.

Si empezaste este camino de aprendizaje pensando en escribir “como La
Desmesurada
”, tengo malas noticias para vos: es una aspiración inútil.
Entendámonos: esto no significa que mi escritura sea tan maravillosa que
empalidece toda huella dejada por Susan Sontag, sino que intentar escribir “como alguien más” es uno de los factores más frecuentes de bloqueo al escribir.
Finalmente, estás planteando tu potencial en términos comparativos cuando la única referencia válida es tu propio progreso en el proceso de escritura.

De hecho, mi propia escritura experimentó transformaciones varias a lo largo de los años.
El estilo personal, lejos de ser un “hándicap” es un sello distintivo. Un activo
valioso en tu empeño de conectar con los lectores interesados en tu temática que, encuentran en un tono personal, el alivio a la intoxicación informativa y la masificación de las recetas para escribir.

Es cierto que hay métodos que obtienen resultados en toda ocasión y que aferrarte a estos esquemas te ayuda en las primeras etapas de investigación de tu estilo personal… pero luego, darte el permiso de crear y escribir desde ese costado del alma que no se deja amordazar por decálogos y tutoriales… es la mejor idea que puedo sugerirte.
O acaso ¿cómo vas a diferenciarte si tu propuesta es tan similar a todas las otras que el lector recibe diariamente?
¿Por qué tendría que detenerme a leerte si ya me conozco de memoria lo que viene a continuación?
Las fórmulas ofrecen una falsa sensación de seguridad. Si me permitís una
sugerencia desmesurada, más relevante que conocer estas claves secretas del copy es analizar detenidamente en qué nivel de sofisticación se encuentran tus lectores respecto a tu producto o servicio.

Pero ésta, es solo la punta de la madeja.
Sigamos, porque se complica.

2- El perfeccionismo intransigente.

Superada la copia, te abruma la sensación de que ninguna de tus producciones textuales es “lo suficientemente buena”. Y ya quisiera yo saber, “lo suficientemente buena con respecto a qué”.
Porque lo que es “bueno” tiene que estar en relación con algún patrón de medida.
¿Qué criterios técnicos estás aplicando a tu discurso para establecer su nivel de adecuación?
Si la vara de medida la pone tu perfeccionismo… sonamos.
Porque no estamos hablando del texto sino de la percepción que tenés de tu obra.

– Si advertís un real problema gramatical, trabajemos sobre tu uso del tilde (son los errores más simples de corregir, el resto requiere de la práctica asidua de la lectura).
– Si advertís un real problema de sintaxis, trabajemos sobre tu uso de los signos de puntuación.
– Si te subleva tu incapacidad de darle orden a las ideas, entonces, busquemos el patrón que te permita organizar el caos imaginativo para expresarlo de forma clara.
Considero una virtud el afán de superación pero no puede transformarse en un lastre. Escribiste un texto, no la Biblia. Si no es “tan bueno como te gustaría”, el próximo será mejor. Y así, sucesivamente.

La solución es simple y obvia: tu mejor texto, siempre será el próximo. Publicá el que escribiste y seguí tu camino.

3- El atasco por cansancio.

En ocasiones, sentarte a escribir no es tu problema. Sin dilaciones ni
postergaciones de ninguna índole, te sentás frente al teclado y comienzan a
ordenarse las primeras ideas.
Llegando al nudo de tu texto, vas perdiendo la certeza y comienza tu papel de deambulante de la escritura. Vas de un lado para otro, sin pies ni cabeza, hasta que decidís abandonar el texto por cansancio.
Luego de este episodio, es probable que no sientas el deseo de re-escribir el texto que abandonaste, pasando al siguiente y repitiendo el ciclo hasta el fin de los tiempos (sí: soy la desmesurada)


Toda persona que escriba periódicamente –y aún más si lo hace de forma profesional- experimenta el atasco por agotamiento.
Tiene una solución sencilla, que ignoramos porque altera nuestros esquemas de tiempo y productividad: planificar.

Si una ruta de viaje se planifica con tanta antelación y detalle ¿por qué creés que tu texto va a surgir por generación espontánea?
Más allá de tu habilidad para escribir, planificar es uno de los rituales a los cuales tenés que regresar cuando sentís que estás bloqueando tus textos por el cansancio.
Hoja, papel y culete en silla.
No: compu no. Hoja y papel.
Creéme: cuando escribís a mano tus neuronas se hacen amigas, estrechan lazos y crean nuevos vínculos de solidaridad. Dales esa oportunidad.

Y no pases al texto siguiente. Volvé al relato que dejaste abandonado. Releer luego del reposo cambia la perspectiva. Anotá las ideas principales, advertí dónde comenzaste a deambular y de qué forma podrías continuar para darle un final lógico a tu secuencia de pensamiento.

Generalmente, nos perdemos en las “digresiones”. Historias paralelas que
enriquecen la línea principal de la acción (la anécdota principal) pero pueden eliminarse sin afectar la comprensión del tópico primario.
Buscá dónde “te perdiste”. Localizado el problema, darle solución requiere que realices una lista de puntos y pienses en el trayecto mental de tu lector.

Tu lector ideal es siempre alguien que está comenzando su aprendizaje por este motivo, busca orientación. Lo mejor que podés ofrecerle es una hoja de ruta llana y simple para transitar.

4- La euforia creativa.

Escribís por impulso. A un ritmo acelerado y colmada por la pasión. La página se llena de signos y tu entusiasmo crece pero, en determinado punto, te detenés bruscamente.
De pronto, nada de lo que escribiste te parece valioso o con sentido para tu lector. El impulso se diluyó y ahora te queda el desencanto de un texto que posiblemente nunca te atrevas a publicar.

No hay derecho a que cometas esa maldad con tu negocio. No estás buscando el reconocimiento de la prensa a la calidad literaria. Tu objetivo es conectar con un lector que llega a tu blog o a tus redes sociales y busca una respuesta a un problema, necesidad o deseo.
La creatividad, la proliferación de ideas y el movimiento constante son tu signo.

Para vos, como para quien siente el bloqueo por cansancio, la solución es
planificar.
Usar la fuerza de tu trance creativo para crear estructuras en las que luego ordenes las ideas, de lo contrario, vas a terminar por sentir que “solo” podés escribir cuando estás en plena euforia.
Craso error: se escribe en estado de reposo. Practicar alguna técnica de relajación antes de escribir o cumplir con determinadas acciones rítimicamente –todas las mañanas, por ejemplo- puede ayudarte a escribir.
Si lo hiciste por tu bebé (cena, baño, mimos, sueño) podés hacerlo por vos misma.

5- El síndrome del primer párrafo.

Voluntariamente, reservé para el final uno de los bloqueos que marcó mis
exámenes en el primer año como estudiante de letras.

Escribir es parte de mi naturaleza sin embargo, cada nuevo ensayo o prueba era un desafío. Ante el estupor de mis profesores (que observaban curiosos hasta que se habituaron a la situación) llegué a romper nueve hojas antes de comenzar un examen.
Sí, nueve.
Una tras otra, arrugadas con prisa y furia. Necesitaba encontrar ese primer párrafo que generara impacto en el lector. Porque escribir para aprobar no era suficiente para mí.

¿Querés saber cómo logré superarlo y transformarlo en una anécdota simpática?
Si estás esperando la solución en forma de píldora, no existe.
Si estás esperando la fórmula, puedo ofrecerte 10 estrategias para borrar de un plumazo tus bloqueos de escritura.
Sin embargo…
Lo que transformó mi agobio de estudiante en resultados profesionales fue la confianza. Cuando comencé a recibir reconocimiento (por primera vez en mi vida, vale la pena aclararlo) me lo creí.

Tan simple como eso.
Tuve, tengo y tendré la precaución de no dormirme en los laureles o de sentirme suficiente y mejor que los demás. La sabiduría de mantener el ego en su lugar me la dio la experiencia pero… la confianza en lo que era capaz de hacer hizo la diferencia.
Con la confianza en mi capacidad de escribir y una dosis reducida de planificación, los exámenes fueron divertidos.

Ya no estaba intentando demostrarme nada. Sabía que iba a poder. En consecuencia, escribía. Punto. Pensando en el receptor no
como un público al cual impresionar sino como un auditorio al que cautivar.

Se cautiva palabra a palabra.
Y se aprende a cautivar, a mantener la atención prendida del otro a tu discurso.

¡Gracias Paula por compartir tu lista!

Si te interesa contar tu historia o la de tus productos y servicios en Instagram, anotate en Instatelling, la nueva propuesta de Paula Lesina. Porque no se trata de tener la mejor historia sino de ser quien mejor la cuenta.

Instagram: https://www.instagram.com/paulalesina/

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